La banda limeña de rock experimental ha vuelto a su formación original para ofrecer un concierto en la Casa Fela en el Centro de Lima

Por César Zevallos

Apenas termina el concierto, Carlos sale del escenario sorteando a las personas, baja unas escaleras de madera que rechinan a cada paso y cruza la calle. Lo sigo para intentar conversar. Se le veía agotado, algo incómodo, salía por un poco de aire fresco. “¿Qué te pareció?”, me pregunta luego de saludarlo. La respuesta era evidente y no dudé en expresarle mi gusto por Ertiub, aquella banda limeña de rock experimental que creó e hizo debutar en el disco compilatorio “La Pandilla Basura” (1999) para luego publicar su álbum homónimo (2003) con canciones más variadas pero que conservaban el mismo espíritu. Desde estos años —los albores del nuevo milenio— Ertiub se ha caracterizado por su original propuesta musical: un collage de sonidos y videos que proponen una visión melancólica y mordaz de la urbe.

El viernes 9 de febrero, la Casa Fela, un espacio cultural ubicado en el Centro Histórico de Lima, tenía todo listo para presentar a Ertiub. La noche era especial, además de Carlos Velásquez (guitarra y video) y Sun Cok (bajo y oscilador), también estaría Ernesto Pérez (batería y secuencia), quien se reincorpora a la banda luego de 10 años: la formación original estaba completa. Incluso ellos mismos no dudaron en describir el concierto como “muy familiar”, un calificativo que responde al regreso a los orígenes y a la modesta, pero intensa acogida que los acompañó en este primer concierto del año que muchos esperan como el inicio para crear un nuevo disco. Mientras tanto, disfrutemos de su actual repertorio.

Los temas que interpretan en sus conciertos no suelen tener variaciones radicales, la lista es más o menos así: “Off”, “Ácido tú”, “Zapping”, “Elefanta”, “Llantén”, “Caricia Mental”, “Chavina”, “Primitivo”, “Proivido Proivir”, “Lejos”. Lo destacable es que, desde la primera escucha, cada canción está muy bien diferenciada, al igual que las inquietantes imágenes que proyectan. En cada uno de estos temas pueden identificarse rasgos electrónicos de géneros como el downtempo y el ambient, así como elementos del funk, pero sin alejarse mucho del rock. En pocas palabras, una propuesta catalogada como experimental, un término muy usado para referirse a lo que aparentemente es inclasificable, pero que algunas veces puede dificultar un real entendimiento de la música u otra expresión artística. Para intentar dilucidarlo, abordaré a Ertiub desde tres frentes:

  1. Collage de sonidos y voces. Sonidos y voces aleatorias que extraen de las más diversas situaciones vividas en la ciudad (“Chavina”, “Zapping”) que parecen indagar en algo incierto, desde una crítica mordaz (“Proivido Proivir”) hasta el simple recuerdo de algo cotidiano o familiar (“Off”). Ambos registros sonoros parecen estar encerrados en una especie de jaula que es la canción, gritando al mundo su descontento.
  2. Videoarte. El diseño gráfico y la animación digital aportan a Ertiub uno de sus principales atributos: el videoarte. Ellos mismos preparan sus videos, que pueden ser animaciones propias como también extractos de algunas películas o imágenes de Lima (los mejores ejemplos pueden ser “Caricia mental” y “Zapping”). Siempre buscan crear una experiencia audiovisual, donde quedan relegados a simples ejecutores —y literalmente en las sombras— para que el video y la música asuman el protagonismo. Los gráficos interpelan e impulsan a buscar una respuesta o explicación, crean un vínculo tenso con el espectador. “Después de hacer varios experimentos y registros de sonido, empezaban a plasmarse canciones y con tanta atmósfera sonora, las imágenes no tardaron en llegar. (…) El video terminó envolviéndonos, creando sensaciones inusuales, con formas y colores que estaban en nuestro subconsciente; ideas, conceptos y valores encontraron su medio para ser comunicados al mundo exterior”, se lee en el pequeño texto que aparece en su disco compilatorio “Zapping” (2008).
  3. Melodías. Los instrumentos tradicionales —guitarra, bajo y batería— nunca pierden su fuerza. En todas las canciones, guían a los sonidos, las voces y el video. Las melodías suelen ir de lo grave hasta lo agudo, creando una atmósfera melancólica que incita al escapismo y, en sinergia con el video, despertando visiones inquietantes. Sin embargo, y esto es curioso, sus melodías son siempre muy estimulantes al punto de hacer bailar a más de uno

Ertiub es una de las bandas más originales de Lima y el Perú, qué duda cabe. ¿Algo similar? Probablemente muy poco y no con la suficiente aceptación que los comandados por el ‘buitre’ (Carlos Velásquez) han sabido ganarse entre las pequeñas tribus de melómanos aficionados.

Desde su aparición, Ertiub propone una estética novedosa en la composición musical de las tradicionales bandas de rock y una visión desgarradora y a la vez ingeniosa de Lima, pero ciertamente no han logrado conseguir la tan anhelada difusión para llegar a un público más numeroso. Los seguidores de su fanpage no llegan a los 2 mil. En este concierto no habían más de 100 asistentes. Aunque han pasado 15 años desde su disco debut, las cosas no han cambiado mucho, pero mientras más personas conozcan este tipo de propuestas y se dejen envolver por canciones como “Caricia mental”, una de las más queridas y que en este concierto selló un final sumamente fuerte y ensordecedor, sabremos que el camino no es tan desolador como parece. ¡Palmas, Ertiub!

Foto de portada: Julia Ziolek